Bienvenido al siglo XXI
- 5 dic 2016
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Bienvenido al siglo XXI. El siglo en donde ver taxistas o choferes del sexo femenino sigue siendo poco común. En donde conocer a una boxeadora profesional es motivo de sorpresa. En donde el mundo de los albañiles y pilotos aéreos sigue siendo casi exclusivo para hombres.
Bienvenido al siglo XXI. El siglo en donde si te toca una conductora de Uber o taxista mujer y hace alguna maniobra errónea, es “porque es vieja”. En donde ser una uróloga es “porque le gusta ver penes”. En donde ser mujer y ser fontanera o electricista no va, porque “no es trabajo para una mujer”.
Bienvenido al siglo XXI...
“Somos menos de 10 en toda la ciudad”, confiesa Verónica, conductora de Uber (un negocio dominado por hombres), al preguntarle cuántas conductoras había en Guadalajara contratadas por esta empresa estadounidense. Un poco pensativa, contó que en los 22 días que tenía trabajando en Uber, no le estaba yendo como esperaba, pues aparte de que no manejaba el carro después de las 10 de la noche por seguridad propia, tenía que llevar y recoger a sus hijos de la escuela.
Verónica sólo es una de millones de mujeres que hacen malabares para sacar adelante económicamente a su familia.
Según estadísticas de Uber del 2015, el 29% de los choferes quienes empezaron en los pasados 3 meses del diciembre del 2015 fueron mujeres. En general, 19% de todos los choferes en los EEUU son mujeres, cuando eran el 14% el diciembre del 2014.
Datos del INEGI estiman que en 2 de cada 10 hogares en México, las mujeres representan el principal soporte económico. El 97% de las mexicanas que trabajan, combinan sus jornadas laborales con los quehaceres de la casa y sus responsabilidades como madre.
El canal de televisión WAPA, en su programa Mujeres Admirables, entrevistó a la mecánica Lisandra Tejada, una de las pocas mujeres en el país puertorriqueño que ejercen tal profesión:
La Teoría Neoclásica del Capital Humano de Richard Aken, basada en la racionalidad del contratista, tiene por objetivo acrecentar la productividad y reducir los costos. Según esta teoría, el capital femenino es inferior al de los hombres debido a que ellas tienen responsabilidades domésticas, de su matrimonio y/o sus hijos, provocando una dificultad para cumplir con sus deberes profesionales a tiempo completo. Siguiendo la teoría, por ende, es justo que las mujeres perciban remuneraciones más bajas que los hombres porque su productividad es inferior. Este problema no está aislado: en todo el mundo las mujeres están peor remuneradas que los hombres por el simple hecho de ser mujeres.
El experto economista de la OIT (Organización Internacional de Trabajo), Patrick Belser nos explica más sobre las desigualdades en el mercado laboral, para el Informe Mundial sobre Salarios 2014/2015, que examina la relación entre los salarios y la desigualdad a nivel de los hogares, como entre mujeres y hombres, entre otros casos:
Existen legislaciones protectoras que prohíben que las mujeres trabajen en ciertas ocupaciones y bajo ciertas condiciones. Por ejemplo, se les puede vetar el trabajo nocturno, el trabajo en minas, o en cargas pesadas según convenios realizados por la OIT. Esto por la seguridad de las mujeres, aunque muchos de los convenios de la OIT que establecen normas protectoras se encuentran en curso de revisión.
Lisset, otra conductora de Uber en Guadalajara, reflexiona con un poco más de optimismo el cómo es ser mujer trabajando para esta empresa. Tomó el empleo para ayudar a su marido económicamente, es madre de dos hijos pequeños y maneja sólo hasta las 6 de la tarde para darse tiempo para ellos y también por seguridad propia; es un caso muy parecido al de Verónica, pero Lisset cuenta que a pesar de que tampoco le ha ido como pensaba, esperaba que en estas épocas decembrinas subiera la demanda.
Una cosa es encontrar escasamente a mujeres en trabajos en donde normalmente los ejerce un hombre como la albañilería, el servicio de transporte público, entre otros más, y otra cosa muy diferente es que la mujer reciba un pago menor al de un hombre que ejerce en el mismo puesto que ella.
Estamos en el siglo XXI, a estas alturas uno ya debería estar consciente de que tanto una mujer como un hombre puede ejercer el mismo cargo y ganar la misma paga. Sí, también ser consciente de que hay trabajos en los que por cuestiones físicas, es más fácil que lo ejerza él, como trabajos de maquinaria pesada; y otros en donde a las mujeres se les hace más sencillo realizarlo que a los varones por cuestiones fisonómicas.

En la última década, la tasa de participación económica de los hombres se redujo casi 80% en 2005 a 77% en 2015, mientras que la de las mujeres subió de 40 a 43% en ese mismo lapso de tiempo, según estadísticas realizadas por el Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES).
Las Verónicas y las Lissets del país van poco a poco en aumento y en todas las ramas laborales.
En una encuesta realizada por SESERA NETWORK, encuestando a 10 de mujeres y a 9 hombres, más del 60% de las personas estuvieron en desacuerdo en clasificar los empleos como “de mujer” y “de hombre”. Empleo es empleo, no tiene género, fue la conclusión. Estadísticamente, los hay en donde los hombres son más en número, como los ya previamente mencionados; y los hay en donde hay más mujeres desenvueltas, como en el ámbito de la cosmetología, educación preescolar, nutrición y otros.
Estas son unas respuestas de los encuestados:
“Necesitamos más equidad y mismos salarios donde se compense la necesidad económica de ambos sexos.’’
“No hay una igualdad de género, ya que ambos sexos tienen posibilidad de generar un mismo trabajo.’’
La cuestión es que cada vez hay más mujeres desarrollándose en el mundo de los hombres y estos en el mundo femenino; bienvenido al siglo XXI.
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